martes, 25 de septiembre de 2012

"Si."
Como una sola palabra puede hacerle tanto daño a una persona.

El rojo de convirtió en negro.
El amor se convirtió en odio.
Las ilusiones en decepciones.
Tú dejaste de ser tú.
Ahora no eres nadie.

"Te odio."
Dos palabras. Se supone que son fuertes y duras, pero ¿suficientes? Repulsión, asco.

¿Esta eres tú?
Yo no me enamoré de tí.
Mentiras.
Engaños.
Perra.
Te odio.
Me das asco.



martes, 1 de noviembre de 2011

Sus ojos verdes me atraían, su sonrisa profunda me alocaba, sus labios rojos me tentaban.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Quel est l'amour?


La soledad de la noche corrompe la asquerosa rutina

Las almohadas susurran verdaderas mentiras

La confusión aumenta mientras disminuye

La armonía explota y se resume en pedazos de autodestrucción

Ellos te niegan el habla

Tú les niegas el poder

Ellos te niegan la alegría

Tú les niegas la satisfacción

Escuchas un ruido que adormece tu cerebro

BOOM!

Un disparo más que ataca directo al autoestima

PUM!

Ellos te cierran las puertas

Tú les abres el alma

Ellos esperan la llamada

Tú muestras indiferencia

El oscuro amanecer se aleja de tu mente

Te das cuenta que el amor es efímero

La alegría parece una simple agonía

Vamos cavando nuestra propia tumba


Vita brevior gets

Amor non est

Non potestis prohibere cupiunt

Aliquam erat animae

L'âme est lourde

Le bonheur est fausse

L'amour est parti

Seules les cendres restent

martes, 2 de agosto de 2011

"No solía ver un cielo tan anaranjado desde que era niño."

Estaba sentado sobre esa gran roca, la misma que me alojó muchos años atrás, cuando la vida se resumía en correr por los amplios campos verdes que ya ni me imaginaba, mirando el paisaje invaluable. El rojizo atardecer pintaba los techos de color ensueño y los lejanos bosques nos miraban con desdén, mientras que nosotros los retábamos con la mirada.

Las cinco sombras se avecinaron tímidamente por el árido campo de tierra, imponiéndose majestuosamente sobre el aparentemente débil cielo azul como el mar. Tantos recuerdos emergieron de entre las sombras más profundas y oscuras, explayándose al exterior con una sonrisa.

lunes, 25 de julio de 2011

¿Confusión?

Logré entrar, por fin, luego de tantos vacíos meses de intentar girar la llave. La cerradura cedió finalmente provocándome una satisfacción única. Regresé la mirada hacia la puerta por donde había entrado y allí vi a todos ellos, parados en una fila india, mirándome con decepción y desprecio por haber entrado en su lugar, en el cuarto no entrábamos más, solo nosotros dos.

Las luces que me cegaron en un principio se habían convertido en tenues rayos que suavemente iluminaron el lugar, que aunque seguía oscuro, podía ver a través de él y es ahí donde encontré ese par de ojos. Me sobresalté, no esperaba verlos tan cerca. Cada vez se fueron acercando más y más, a medida que se cerraban, consecuentemente los míos también se cerraron. Solo veía oscuridad, mis párpados por dentro, pero sentía muchas cosas. El lápiz de su rostro me dibujo una sonrisa en la cara.

Se disolvió la escena a un patio, busqué con la mirada la puerta de entrada, no la encontré por ningún lugar, ya estábamos dentro, y la puerta de entrada había desaparecido, no se podía regresar a lo que una vez fue. La unión creció más y más por cada segundo que pasaba, todo iba perfecto. El tiempo tomó un red bull y le salieron alas. Vi mi celular, eran cerca de las 3 de la mañana, no quería irme, quería quedarme ahí, para siempre, en ese pequeño mundo perfecto en donde el tiempo era relativo y los problemas no existían.

El tiempo dentro del lugar terminó, tenía que irme, ya había estado mucho tiempo allí, me paré, no podía sentir ninguna parte de mi cuerpo, todas se habían tomado unas pequeñas vacaciones de mí. Caminamos lentamente hacia la puerta de salida, se abrió muy despacio y le dije adiós al lugar de la manera que siempre había querido hacerlo. Se cerró la puerta detrás mío, sin antes dar una última mirada a lo que contenía.

Caminé siguiendo mis instintos, una enorme sonrisa de satisfacción en la cara, intercambiando palabras con la sombra que caminaba junto a la mía, por primera vez en mucho tiempo, había salido todo como se planeó. El sueño se apoderó de mí y caí dormido manteniendo la plácida sonrisa. Todo iba perfecto.

Me despertó la matutina luz del sol la mañana siguiente, era hora para ir a casa, me levanté con todos aún dormidos, me despedí y salí, caminé una media hora hasta llegar a mi casa, la sonrisa no se había borrado, y por primera vez en mucho tiempo me sentí completamente feliz.

Me encontraba de nuevo dentro de las cuatro paredes de todos los días. Logré al fin hablar con el motivo de mi felicidad y es en este punto donde la felicidad se vio interrumpida. Todo derrumbó, se destruyó lentamente pero al mismo tiempo tan rápido. Todo explotó, colapso, los recuerdos se desvanecieron en el aire como el humo del cigarro que compartimos se perdía en el viento. Descompresión, autodestrucción.

Me encontré, una vez más, en el cuarto oscuro, miré a ambos lados a ver si la encontraba, no, no había nadie. Caminé, la brisa helada me detuvo una vez más. Busqué mi sonrisa a la que ya me estaba acostumbrando pero no estaba por ningún lugar. Comencé a angustiarme, seguía sin encontrarte, vi a lo lejos a unas personas, caminé por el sendero más oscuro hasta que caí en el vació. Me esperaron casi dos horas de caída libre, sentía la brisa cortarme la espalda como un cuchillo, cada segundo que pasaba me sentía peor, hasta que finalmente, cuando estaba a punto de chocar el suelo, unos brazos me cogieron, volteé la mirada rápidamente para ver si era ella. No, eran mis amigos. Los verdaderos amigos. Mi energía se recargó, no totalmente pero ya no me sentía tan mal.

Parado frente a la puerta de entrada, pero esta vez, no quise entrar. Toqué la puerta y entonces ella abrió la pequeña ventanita que nos dejó comunicarnos. Me quedé sentado junto a la puerta cuatro largas horas hablando con ella, con algunas pausas pero abarcando lo importante. Le hice muchas preguntas cuyas respuestas no supieron calmarme. Me dijo que espere, el tiempo lo resolvería todo. Empecé a hacer maletas para partir en un viaje de pensamientos, que espero pueda aclarar mi mente. Lo llamas confusión, podría ser también inseguridad, pero entonces, si lo sabías, ¿por qué dejaste que sucediese? Tantas preguntas se formulan que en realidad es mejor dejarlas inconclusas.

Puerta de entrada

La resplandeciente luz blanca nos cegó a todos. Intenté dar un paso, una helada brisa me lo impidió y es ahí donde escuché, muy bajo, el murmullo de su voz. Unas finas palabras se lograron oír e hicieron que tiemble mi cuerpo. Lentamente retrocedí, solté una pregunta al viento esperando una respuesta. Me miraron como si fuese un loco y me preguntaron con quien hablaba. Les respondí que hablaba con ella, pero no me hicieron caso, ya no estaban ahí, habían desaparecido.

Miré a ambos lados y no vi a nadie, estaba solo, solo una vez más, con la única esperanza que me responda. Intenté por segunda vez, sin ningún éxito. Cerré los ojos, la tierra empezó a temblar. Recordé entonces mi pasado inmediato, mi presente solitario y mi futuro incógnito. La luna, mi única amiga, me contó lo que pasaba pero las vueltas que daba su voz dentro de mi cabeza no me dejaron entender nada.

La puerta finalmente se abrió. Entré pero el cuarto estaba vació. No encontré lo que pensé que encontraría.