lunes, 25 de julio de 2011

Puerta de entrada

La resplandeciente luz blanca nos cegó a todos. Intenté dar un paso, una helada brisa me lo impidió y es ahí donde escuché, muy bajo, el murmullo de su voz. Unas finas palabras se lograron oír e hicieron que tiemble mi cuerpo. Lentamente retrocedí, solté una pregunta al viento esperando una respuesta. Me miraron como si fuese un loco y me preguntaron con quien hablaba. Les respondí que hablaba con ella, pero no me hicieron caso, ya no estaban ahí, habían desaparecido.

Miré a ambos lados y no vi a nadie, estaba solo, solo una vez más, con la única esperanza que me responda. Intenté por segunda vez, sin ningún éxito. Cerré los ojos, la tierra empezó a temblar. Recordé entonces mi pasado inmediato, mi presente solitario y mi futuro incógnito. La luna, mi única amiga, me contó lo que pasaba pero las vueltas que daba su voz dentro de mi cabeza no me dejaron entender nada.

La puerta finalmente se abrió. Entré pero el cuarto estaba vació. No encontré lo que pensé que encontraría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario