"No solía ver un cielo tan anaranjado desde que era niño."
Estaba sentado sobre esa gran roca, la misma que me alojó muchos años atrás, cuando la vida se resumía en correr por los amplios campos verdes que ya ni me imaginaba, mirando el paisaje invaluable. El rojizo atardecer pintaba los techos de color ensueño y los lejanos bosques nos miraban con desdén, mientras que nosotros los retábamos con la mirada.
Las cinco sombras se avecinaron tímidamente por el árido campo de tierra, imponiéndose majestuosamente sobre el aparentemente débil cielo azul como el mar. Tantos recuerdos emergieron de entre las sombras más profundas y oscuras, explayándose al exterior con una sonrisa.
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